Nueve dólares cuesta curar cisticercosis

Julio Sotelo, científico mexicano, descubrió el medicamento que acaba con la cisticercosis en un tratamiento que dura máximo una semana.

15/05/2012 8:28
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Aunque hace 30 años era necesario realizar una operación en el cerebro para poder retirar gusanos de cisticerco que infectaban a las personas que habían comido carne de cerdo poco higiénica, hoy se cuenta con un tratamiento que evita las neurocirugías, cuesta sólo 9 dólares en todo el mundo y fue desarrollado en México, así lo explicó a SUMEDICO el principal autor de este avance, Julio Sotelo Morales.

En el mundo existen más de 50 millones de seres humanos que tienen en su cuerpo el parásito cisticerco, el cual es un gusano plano, parecido a una serpentina, que se multiplica aceleradamente en los intestinos y posteriormente puede llegar al cerebro. Esta infección es causa de la mitad de los ataques de epilepsia que se atienden en las salas de emergencias de todo el planeta, pero se concentra principalmente en los países más pobres.

El doctor Sotelo Morales, quien es uno de los médicos más citados en la literatura científica internacional recibió el Premio Carlos Slim en Salud 2012 por haber descubierto que el medicamento Albendazol acaba con la cisticercosis, lo cual es considerado una contribución relevante en salud pública, con alto beneficios para los grupos más vulnerables.

Egresado como médico cirujano de la Universidad Nacional Autónoma de México y con especialidades en Neuroinmunología y Neurobiología, obtenidas en Inglaterra y Estados Unidos, el doctor Sotelo explicó que México hizo una gran aportación a las personas de los países más pobres al descubrir que el óxido de albendazol mata y destruye a los parásitos que provocan cisticercosis, en un tratamiento que dura máximo una semana.

Sotelo Morales indicó que gracias a 30 años acumulados de investigación, desde 2007 en México prácticamente se han dejado de realizar cirugías de cerebro para retirar el parásito cisticercosis.

“Actualmente, las cirugías de cerebro que se realizan y que están relacionadas con cisticercosis ya no son para matar al parásito sino para solucionar uno de los síntomas asociados con esa infección: la hidrocefalia. Hasta antes de 1983 tener cisticercosis en el cerebro era prácticamente una sentencia de muerte, acompañada de ataques de epilepsia”, indicó el ex director del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN), de la Secretaría de Salud.

Fármaco efectivo

El medicamento albendazol mata a los parásitos de cisticerco desde los primeros segundos en que entra en contacto con ella. Este medicamento fue descubierto después de otro fármaco que también se había encontró en México pero que era demasiado caro y tóxico para realizar tratamientos, llamado praziquantel, que había sido estudiado por el doctor Clemente Robles.

“A principios de los años 80, cuando regresé a México después de estudiar mis especialidades, la investigación sobre cisticercosis en el cerebro era poca y escasa. Ya sabíamos en México que el praziquantel era un medicamento eficaz contra el parásito e incluso se llegaron a tratar decenas de miles de personas, pero el medicamento tenía todavía niveles bajos de efectividad.

“Lo que comenzamos a hacer entonces fue comenzar a cultivar estos parásitos, los cisticercos, en laboratorio y los expusimos a diferentes medicamentos que pensábamos que podrían servir para frenarlos. Lo que descubrimos en ese momento fue que, en laboratorio, los parásitos que provocan la cisticercosis morían a los pocos segundos de estar en contacto con el óxido de albendazol. Este fue el principio de un largo camino que nos llevó después a probar el medicamento en seres humanos y así conseguimos un tratamento 40 veces más barato y mucho menos agresivo que el praziquantel o las cirugías”, detalló el experto.

Actualmente, después de la larga serie de estudios que han llevado a precisar dosis y tipos de tratamiento, se cuenta con un tratamiento que sólo toma 8 días para acabar con los parásitos de cisticerco, con un nivel de efectividad de 86% en una primera ronda de tratamiento.

Este medicamento ha sido el avance más importante en la historia de esta enfermedad, descrita por los antiguos griegos y que llegó a América con la llegada de los cerdos domésticos, durante la conquista.

El mismo medicamento demostró ser útil en etapas preventivas de la enfermedad, si es administrado como un antiparasitario a nivel intestinal.

“Hoy podemos decir que la neurocisticercosis ha disminuido en México porque tenemos este medicamento pero también porque los sistemas de prevención han evolucionado exitosamente: hay mejores medidas sanitarias para el manejo de carne de cerdo, se usa el albendazol como un antiparasitario intestinal y también se usa para atender a las personas que ya están infectadas. Esto ha sido replicado en otros países y ha ayudado a atender esta enfermedad de la pobreza, que también es un factor de inequidad social en el mundo”, agregó.

Medicina traslacional

Julio Sotelo, quien actualmente es coordinador de asesores del secretario de Salud de México, opinó que avances tan importantes como el tratamiento con albendazol, que han salvado miles de vidas en todo el mundo desde los años 80 del siglo pasado, sólo pueden ocurrir con un apoyo decidido a la investigación científica y estudios clínicos.

Sotelo Morales subrayó que es urgente que México aproveche a sus jóvenes científicos pues afirma que se ha hecho un gran esfuerzo, de parte de ellos y de sus familias, para prepararlos. Para que ellos desarrollen todo su potencial requieren que gobierno y empresas hagan inversiones para crearles espacios de trabajo, proveerlos de laboratorios, infraestructura y que no sean talentos desperdiciados.

Uno de los campos de trabajo que más interesa a las personas que hacen investigación en ciencias biomédicas es la medicina traslacional que es campo de trabajo en el cual se estudia la manera de llevar los conocimientos del laboratorio a la experiencia clínica diaria.

Sobre este campo reflexiona Julio Sotelo y afirma que los grandes hallazgos o las grandes soluciones para problemas de salud pública no ocurren por iluminaciones sorpresivas o por milagros sino que son el resultado del trabajo acumulado durante muchos años, por muchos científicos, hasta que llega alguno que reúne toda esa inercia de trabajo y el conocimiento y comprende tanto un sistema o una pregunta abierta y la llega a responder.

A los jóvenes que aún valoran si les conviene o no dedicarse a la ciencia les dijo que la emoción de descubrir algo nuevo y de poder ayudar a otras personas con ese conocimiento no se compara con nada, pero que como no todo funciona al primer intento vale la pena desarrollar tolerancia a la frustración y alimentar siempre su imaginación. 


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