Obesidad, mala educación que termina en el estómago

Especialistas aseguran que factores ambientales y estilos de vida han disparado la obesidad, y ya no todo está en los genes.

20/04/2013 11:14
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 La obesidad es una cuestión de cerebro… que acaba en el estómago. La relación entre la obesidad y el cerebro es estrecha. “La comunicación entre nuestros intestinos y el cerebro es importante a la hora de entender esta epidemia” del siglo XXI. Lo asegura el investigador José María Ordovás, director del USDA-Human Nutrition Research Center on Anging de la Universidad de Tufts (EU).


La comunicación entre intestinos y cerebro ayuda a entender la epidemia de obesidad
El profesor explica que muchos de los genes que influyen en la obesidad “no están relacionados tanto con el metabolismo, sino con funciones neurológicas”. Ahora, indica, se puede observar en el cerebro de una persona cómo reacciona ante la comida y permite entender porqué come más o menos y qué tipo de alimentos.


 
También existe diferencia entre hombres y mujeres a la hora de captar el estímulo de la comida y recuerda que los problemas de alimentación son más frecuentes en las mujeres, ya que tienden a responder de una manera más emocional ante la comida.

Ordovás, colaborador también del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), señala que actualmente se conocen 32 genes de la obesidad, “pero solo es un 10% del componente genético” de esta enfermedad, por lo que “queda mucho por descubrir”. Apunta, no obstante, que parte de ese material no es precisamente genético, sino la manera en que los genes se comunican con el medioambiente, ahí es donde parte de la herencia se oculta”.
 
Está claro que la obesidad es genética, como vemos en las familias que comparten genes y hábitos de vida, “pero el hecho de que sea un factor genético no explica lo que está ocurriendo en los últimos años con la obesidad, y en especial la infantil, que está subiendo de una forma considerable”, subraya.

 
Desde el año 1976, cuando se conocen las primeras cifras sobre los índices de obesidad, la prevalencia ha aumentado notablemente y “si los genes no los hemos cambiado, ese aumento es el resultado de que la genética no es lo es todo, sino más o menos un 50%”.

 Para Ordovás, han sido los factores ambientales “los que ha disparado la obesidad, sobre todo en aquellos que estaban genéticamente predispuestos a ser obesos y que antes, como el ambiente no era obesogénico, aunque tenían los genes no se manifestaban tan a menudo como ahora”.
 


Respecto a la nutrición personalizada en la que mucho tendrá que ver la Nutrigenética, el profesor subraya que todavía queda mucho camino y advierte sobre aquellos que, a través de Internet, prometen a raíz de un análisis de saliva conocer nuestra disposición genética a los alimentos y “nos dicen lo que debemos comer y lo que no. Puede llevar a grandes errores, similares a los de las dietas milagro”.
 
Por todo ello recomienda acudir siempre a un profesional de la nutrición.

 Independientemente del genoma, este experto en genética y nutrición, considera fundamental tener educación para saber alimentarnos y así tener capacidad para prevenir la obesidad, aunque estemos genéticamente predispuestos. (Con información de 20minutos.es)

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