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Persisten rezagos en educación sexual

Por omisión o por desconocimiento, padres de familia delegan en la escuela información sobre sexualidad para sus hijos.

  • 03/10/2011
  • 16:40 hrs.

Los adolescentes tienen sexo, lo practican a los 12 o 13 años en nuestras casas, así que decirles que no lo hagan no es la solución, así lo ha dicho a SUMEDICO, la doctora Josefina Lira Plascencia, en entregas anteriores.

Y es que los embarazos no deseados son altos, y más en los adolescentes menores de 16 años, porque no están preparados para cuidar un hijo y su cuerpo tampoco está lo suficientemente desarrollado para tener un bebé y hay que poner especial cuidado, ha referido la doctora Lira. 

Esta semana el mundo.es da cuenta de cómo desgraciadamente, muchos padres omiten esta responsabilidad de educar en estos aspectos tan importantes para la vida afectiva y biológica de sus hijos; omisión producida unas veces por vergüenza o desconocimiento, otras por auténtica cobardía para enseñar algo tan natural como la alimentación saludable o el ejercicio físico. Los colegios no son los únicos responsables de la educación sexual. Los padres delegan en los colegios y éstos muchas veces en las familias. En consecuencia, ni unos ni otros asumen este tipo de educación.
 
Otras muchas veces los padres inician tímidamente la información sobre el sexo demasiado tarde, cuando sus hijos la han recibido por otros canales, incluso la practican. Los canales de aprendizaje sobre las cuestiones concernientes al sexo, de las que aprenden los niños y adolescentes, generalmente son inadecuadas, tendenciosas, ocultas, obscenas o promiscuas. En consecuencia muchos niños tienen una visión insana, prohibitiva, pecaminosa, incluso enfermiza del sexo.
 
La masturbación, por ejemplo, es una actividad absolutamente normal en los niños de cualquier edad, muchos lo hacen repetidamente en los primeros y posteriores años de la vida. Algunos padres consultan alarmados pensando en que su hijo tiene o tendrá alguna patología por ello, pero tan normal es masturbarse poco, mucho o nada.
 
Lo verdaderamente anormal es reprender y acomplejar por esta actividad, que, repito, es fisiológica. Por más enfado o represión que se ejerza sobre el niño, continuará masturbándose pero con complejo de estar cometiendo un acto prohibido, complejo que puede repercutir negativamente sobre su autoestima. Sólo cuando el niño pequeño se masturba en público, debe informársele de que esto puede molestar a algunas personas y por ello invitarle a ejercerlo en intimidad.
 
Los niños y niñas juegan a los médicos, se miran y se tocan. Son juegos sin contenido erótico, juegos de aprendizaje, y lo harán delante o detrás de los padres. No es promiscuidad permitir este tipo de juego. Más adelante comienzan las verdaderas relaciones sexuales de los niños, mucho antes de los que los padres creen, con miradas, diálogos, juegos, bailes y contactos físicos. La incapacidad de la mayoría de los padres para detectar y afrontar la educación sexual obliga a los niños y adolescentes a buscar cualquier fuente de información, incluso pornografía.
 
Una encuesta anónima, realizada a estudiantes universitarios españoles, ha puesto de manifiesto que las visitas a las páginas de sexo por Internet se inician a los 11 años. Casi uno de cada tres encuestados visitaba esas páginas entre los 11 y 15 años. Más aún los que disponen de un ordenador personal (63%), aunque también desde el ordenador familiar (37%), herramienta de la que dispone en la actualidad la mayoría de los niños y adolescentes españoles (Miguel Labay y cols. Rev Pediatr Aten Primaria 2011; 13:225-32). Es difícil o imposible que los padres puedan controlar Facebook, Youtube, Twiter y otras redes similares. A veces internet facilita compañías inadecuadas. Internet es la mayor red de pederastas del mundo.
 
Por eso recomiendo que ambos padres cuenten a sus hijos sus propias vivencias y experiencias sexuales y afectivas, sus primeras dudas, los primeros amores con los temores, miedos e inexperiencia. También la necesidad que tenían de que alguna persona fiable, quien mejor que los padres, les hablara en un lenguaje sencillo y cariñoso del tema. Es una ayuda que todos los niños y niñas demandan, sin que los padres contesten, creo incluso que ni se enteran de esta necesidad.
 
La educación sexual que les propongo no es un sermón, tampoco una lección sobre ética o moralidad; es sencillamente recuperar sus recuerdos, abrir su corazón, porque la misma sensación de incapacidad, impotencia y fragilidad en lo relativo a los sentimientos y necesidades sexuales que tienen ahora sus hijos, es la misma que probablemente tuvieran entonces sus padres.
 
Lo más difícil es encontrar el momento y las palabras adecuadas. Puede iniciarse esta información incluso a través de preguntas sin respuesta. Por ejemplo, en vez de interrogar si utiliza métodos anticonceptivos de barrera (preservativo), puede transmitirse el mismo mensaje con la frase: ¿Tú sabes que el único método de protección es el uso del preservativo? Lógicamente, sin esperar una respuesta. (Con información de elmundo.es)

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