Parto en agua, método con menos dolor

Esta forma de traer un bebé es benéfica física y psicológicamente para mamá, hijo y papá; también fortalece los lazos entre la familia.

10/05/2010 10:04
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“Lo más importante para nosotros es la conexión directa que tenemos en este momento los tres”,  comenta Julio César mientras sostiene en sus brazos, a su esposa Lesly, ayudándola con los ejercicios de respiración, a sólo unos minutos de entrar a la tina para vivir su parto en agua. 
 

Lesly  abraza fuerte a su esposo al tiempo de llamar a su  bebé: “Ven ´pequeño”, papá y yo te esperamos”;  mientras los futuros padres mantienen su diálogo, la partera –también llamada dula-  ayuda a la mujer a controlar el dolor, con suaves masajes en su espalda, ayudándola igualmente con los ejercicios de respiración, aproximándole todo lo que desee para brindarle mayor confort, desde agua para beber, toallas húmedas con las cuales se seque el dolor, incuso cuenta con algunos otros objetos de relajación, como son las velas.
 

La partera habla con gran suavidad a la futura mamá durante el proceso de trabajo de parto, a fin de que supere el dolor, le acomoda los cojines en la cama, en el piso, el silloncito instalado en su cuarto, todo lo que le de comodidad, a fin de que en cuanto ella señale el momento sea trasladada a la tina, que está ahí mismo, a  unos pasos.
 

Lesly, que es mamá primeriza,  con una sonrisa que supera el dolor de las contracciones, se da tiempo para acariciar y besar a Julio César; ahora  los dos llaman juntos a su primer hijo. Llegó el momento, entran a la tina, ella  emite un gran suspiro de alivio, el dolor ha desaparecido.
 

A la expectativa se mantienen la ginecobstetra y una enfermera, a fin de auxiliar sólo si es necesario; también aguarda un pediatra, quien se hará cargo de la revisión del bebé.
 

La partera prosigue con su trabajo, al lado de la futura mamá siempre confortándola, pero ahora también se dirige de manera más constante al papá, indicándole como acaricie el vientre de su esposa, porque así se acerca más a su hijo. Se acelera la respiración de Lesly, comienza a pujar,  ambos alientan a su pequeño a salir; de pronto se asoma su cabecita de entre las piernas de su mami.
 

Julio César expresa su emoción con una gran sonrisa, no hay nerviosismo, sino una gran ansiedad por tener a su vástago en brazos, por lo que acomoda sus manos cerca de la vulva de su mujer, a fin de recibirlo. ¡Vamos bebé, vamos!, le dicen ambos y de pronto sale directo a las palmas de su padre, quien de inmediato lo aproxima a su madre. 
 

Seguidamente la dula  le pide que meza al niño dentro del agua, que lo acaricie suavemente y le hable; en tanto, Lesly es preparada para cortar el cordón umbilical, terminar desprender la placenta; en su caso, también solicitó que se tomaran células madres para la protección de la salud de su hijo en los años venideros.
 

Finalmente, entra de nuevo Lesly a la tina y junto con Julio César, comienzan a disfrutar de la maternidad y la paternidad. 
 

Gabriela Zebadúa, partera certificada, explica a sumedico.com que el susurro del agua tranquiliza y su calor -de 37 a 38 grados, similar a la del líquido dentro de la placenta-, produce una sensación relajante, “es el mejor ambiente para dar a luz”.
 

Es un sistema donde se conjuga lo natural y espiritual, abunda, el agua caliente que le da libertad de movimiento a la futura mamá, sirve como analgésico, pues el calor relaja los músculos del piso pélvico y reduce la producción de adrenalina, hormona que interfiere en el avance de la dilatación, acortando así la duración del proceso.
 

“Paralelamente el ambiente acuoso disminuye la estimulación sensorial, aumentando la producción de endorfinas, lo que calma las molestias y hace olvidar el paso del tiempo, disminuyéndose así el estrés”, afirmó.
 

“Además, si entra al agua después de 5 centímetros de dilatación, hará que el proceso se acelere y  perciba las contracciones con menor intensidad. Si hubiera una escala de dolor donde 0 es nulo y 10 es el máximo,  ella antes de entrar a la tina estaría en  8, pero al momento de entrar en contacto con el agua se reduce a 3”, precisa.
 

El parto en agua, continua la partera,  brinda a la mamá la oportunidad de seguir su propio ritmo, porque toda mujer tiene la capacidad de tener hijos de manera natural, sin intervenciones agresivas por lo que  sólo se debe proceder a la cesárea en casos en que se encuentre en riesgo la mamá, el hijo, o ambos.
 

Al referirse a la psicoprofilaxis perinatal -método  y técnicas para  favorecen el goce de un parto natural-,  apunta que este proceso es el inicio para fortalecer los lazos familiares, pues el papá se involucra desde los primeros meses de embarazo al participar en el trabajo previo para ayudar a la mamá a controlar su respiración, hacer ejercicios que, además de disminuir los dolores, eliminan angustias y temores.
 

Todo este proceso, agrega la especialista, dota del control del parto a la madre, por lo que ellas elijen la posición más cómoda, sin verse sometidas al ayuno, a la aplicación forzosa de suero o a la episiotomía –la apertura quirúrgica de la vulva al ano, a fin de facilitar la salida del producto-.
 

En cuanto los beneficios para el bebé, destaca, tiene un transición menos agresiva al nacer, pues se encontraba en el líquido amniótico y sale al agua -que se encuentra a la misma temperatura-, donde es recibido por su padre y en este mismo ambiente establece contacto directo con su madre. Esto, asevera, es clave para fortalecer los lazos dentro de la familia.
 

“Es muy importante para el bebé que su mamá y su papá puedan tocarlo antes que el ginecólogo. Incluso se llegan a dar casos en que cuando ya hay hijos, con una edad promedio de cinco a siete años, los papás quieren que participe en la llegada de su hermanito para que sean más cercanos”, señala Gabriela Zebadúa.
 

Otro beneficio más, concluye, es que al encontrarse el agua a la misma temperatura que tiene dentro del útero, esto permite que sigan respirando un par de minutos más a través el cordón umbilical, antes de cortarlo.
 

 Mayores cualidades en bebés nacidos en agua
 

A la fecha no existen estudios que demuestren que el parto en agua concede más cualidades o ventajas físicas o psicológicas a los bebés, sin embargo al paso del tiempo los pediatras se percatan de que estas sí existen.
 

Así lo aseguró a sumedico.com el pediatra-neonatólogo Alejandro Peña, quien tiene basta experiencia en el apoyo a los bebés nacidos en agua.
 

Explicó que una vez que los padres reciben a su hijo, este pasa a una auscultación completa, en una mesa cercana a la tina donde nació, donde se cuenta con todos los instrumentos para su limpieza y registrar su peso, estatura, signos vitales y en general checar su perfecto estado de salud.
 

El doctor Alejandro Peña apuntó que estos niños generalmente se enferman poco, pero en particular tienen una muy buena capacidad pulmonar. En particular, subrayó son muy vivaces y desde el inicio conocen la voz de sus padres, además de que generalmente aprenden a caminar y hablar más rápido. Les atraen mucho los colores, son sumamente perceptivos, por lo que les gustan mucho los juguetes multicolor u otros objetos con estas características.
 

A la par, puntualizó, se caracterizan por ser tranquilos, es decir, juegan igual que todos los demás niños, pero son sumamente obedientes, comprenden con mucha claridad lo que se les indica.
 

OMS, a favor del parto natural
 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) está a favor de los partos naturales, como es el del agua, por todos los beneficios que concede tanto a la madre como al hijo, afirmó la ginecobstetra Elizabeth Valencia.
 

Incluso, subrayó, existe una preocupación por el incremento en todo el mundo de la aplicación de cesáreas, en particular en países como México donde se han convertido en una práctica común por dos razones principalmente: En el sector público para agilizar la gran demanda de partos, y en el privado para ahorrar tiempo a los doctores e incrementar los costos de atención médica, más no porque haya un registro mayor de embarazos con riego.
 

 La especialista precisó que de acuerdo con la OMS, en el mundo se practican un 8 por ciento de cesáreas en cada institución tanto en nivel privado como público; empero en México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), reporta la práctica de este método en un 75 por ciento, lo cual, excede lo estipulado por el organismo internacional.
 

La razón por la cual se respaldan los embarazos naturales, abundó, es porque la mujer tiene la oportunidad de trabajar a su propio ritmo con sus contracciones y el médico o la partera sólo deben vigilar que ella esté bien físicamente y que el latido cardiaco del feto sea correcto.
 

En cuanto a los mitos que circulan en contra de los partos en agua, la doctora Elizabeth Valencia refirió que en décadas pasadas se creía que el parto en agua era riesgoso debido a la posibilidad de que la madre sufriera una infección o que el niño se ahogara, pero esto no es así.
 

Precisó que se requieren elementos básicos para los partos en agua: –
-Tina de 1.80 centímetros de largo por 1.50 de ancho y 0.46 de hondo
-Agua corriente con temperatura de 36 o 37 grados centígrados
-Termómetro
 

Cuestionada sobre si son o no requeridas las intervenciones quirúrgicas en el parto, aclaró: No decimos que la cesárea sea mala por sí misma, por el contrario, es una práctica indispensable cuando se presentan complicaciones, como que el bebé tenga enredado el cordón umbilical, si viene sentado o de forma horizontal, si existen problemas de presión arterial, o cualquier circunstancia que ponga en peligro a la madre o al hijo (…) en cualquiera de estos casos no es posible un parto natural , puntualizó.
 

Tampoco son recomendables cuando las mujeres no llevaron un control prenatal, sin cuidado de los niveles de azúcar y de la presión arterial, con más de 2 cesáreas, de más de 45 años y  menores de 19 años.
Incluso, subrayó, en los partos en agua existen los mismos riesgos que en cualquier parto vaginal, como que la madre a pesar de tener la dilatación completa no pueda expulsar al bebé, que las contracciones se espacien o que la frecuencia cardiaca del niño baje de 120 pulsaciones por minuto o aumente a 160. En estos casos, se recurre a cesárea.


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