¿Por qué a veces comemos de más?

Encuentran relación entre la indulgencia con la comida y una hormona producida en el estómago que ayuda a regular la recompensa.

07/05/2012 5:27
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Seguimos comiendo aún cuando ya nos sentimos satisfechos, porque el cuerpo está programado para recompensarse comiendo de más cuando es tentado con alimentos sabrosos, señalan investigadores italianos.

Su conclusión parte de un pequeño estudio, al que llamaron “Hambre hedonista”, en el que participaron sólo ocho personas, por lo que sus hallazgos, advierten, son preliminares.

Los investigadores explican que pueden haber encontrado un vínculo fisiológico entre la indulgencia con la comida que va más allá de la necesidad calórica y un aumento reactivo en los niveles de dos compuestos químicos claves: la grelina, hormona producida en el estómago que ayuda a regular la recompensa y la motivación; el segundo compuesto, llamado “2-AG”” (2-araquidonilglicerol), tiene que ver con el apetito.

El Dr. Palmiero Monteleone y su equipo del departamento de psiquiatría de la Universidad SUN de Nápoles, Italia, reclutaron a cinco mujeres y tres hombres de entre 21 a 33 años, ninguno de ellos tenía problemas de conducta alimentaria.

Cada uno participó en dos pruebas de alimentación, con un intervalo de un mes. En ambas ocasiones, los participantes primero consumieron un desayuno de 300 calorías compuesto de 77 por ciento de carbohidratos, 10 por ciento de proteína y 13 por ciento de grasa.

Tras cada comida, los participantes calificaron su nivel de hambre mientras esperaban que pasara una hora. En ese momento se ofreció a todos lo que ya se había establecido que era su comida favorita, una comida que desearían comer incluso después de sentirse llenos.

Durante cinco minutos, solo se permitió a los participantes ver u oler su comida favorita. En ese periodo, se les pidió describir qué tanta hambre tenían, qué tanto impulso tenían para comer el alimento y qué cantidad pensaban comer.

La segunda prueba fue similar, excepto que esta vez se ofreció a los participantes un artículo poco apetitoso, por ejemplo una combinación de pan, leche y mantequilla, que contenía exactamente los mismos nutrientes y calorías que el artículo sabroso de la primera prueba.

El resultado fue que a pesar de una sensación general de saciedad tras el desayuno, los participantes dijeron que su impulso a comer y la cantidad que pensaban comer eran significativamente mayores ante su comida favorita, en comparación con la comida poco apetitosa.

Además, pruebas sanguíneas revelaron que cuando los participantes comían su alimento favorito, los niveles en sangre de la hormona grelina aumentaban significativamente y permanecían altos durante hasta dos horas.

En cambio, los niveles de grelina bajaron progresivamente tras comer el equivalente nutricional del artículo poco apetitoso.

Los niveles del compuesto 2-AG se redujeron tras comer tanto la comida favorita como la poco apetitosa. Sin embargo, los niveles de 2-AG siguieron siendo mucho más altos (durante hasta dos horas) tras la exposición y el consumo del alimento favorito, en relación con los niveles registrados con el alimento no favorito.

“El proceso fisiológico subyacente de comer de forma hedónica no se comprende del todo”, apuntó Monteleone en un comunicado de prensa de la revista. Pero sugirió que “comprender los mecanismos fisiológicos que subyacen a esta conducta alimentaria podría arrojar cierta luz sobre la epidemia de la obesidad”.

Joe Vinson, profesor de química de la Universidad de Scranton en Pensilvania, quien no participó en la investigación explica que es muy interesante, porque “involucra a la psicología del cerebro, además de la bioquímica. Y sí, es totalmente probable que este tipo de control químico pudiera ocurrir, en que el cerebro desee un alimento de un tipo particular a pesar de que la persona esté llena”.

“Aquí están hablando de evolución darwiniana”, añadió Vinson. “Estamos programados para llenarnos en caso de que luego escasee la comida. Y cuando se une esta bioquímica con un ambiente en que la comida es barata, está disponible y con frecuencia se provee en porciones inmensas, básicamente todo va contra nosotros. No comer en exceso se vuelve muy difícil”.

El estudio aparece en la edición de junio de la revista Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.

(Con información de Medlineplus) 


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