Puedes vivir bien con hemofilia, testimonio

Los pacientes con hemofilia deben dejar de hacer ciertas cosas, pero si tienen un buen tratamiento pueden llegar a disfrutar la vida.

14/09/2011 9:10
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“Vivir con hemofilia es un poco difícil, pero si tienes un buen tratamiento y buena atención no es nada difícil aprender a vivir con ella”, dijo a SUMEDICO Francisco Javier González, quien tiene 29 años, y ha vivido 26 años con el diagnóstico de hemofilia “A” grave.

Francisco es un joven paciente con hemofilia que se toma las cosas con cierta calma. 

“Es un poco difícil, pero todo depende cómo tomes la vida, puede ser complicado o fácil, como para todas las personas, aunque por los sangrados es donde se nos complica un poco el hacer o no hacer ciertas cosas, porque no podemos hacer muchas cosas físicas”, indica.

Hay cosas de las que se ha privado, como poder jugar futbol con sus amigos, u otro cualquier deporte de contacto, pero también ha sabido cubrir esos huecos con otras actividades.

“Juego mucho ajedrez, por ejemplo, y también leo o salgo con mis amigos”, refiere.

No obstante, uno de los problemas a los que se enfrenta un joven que ha padecido hemofilia, es la dificultad que puede presentarse cuando se trata de estudiar e ir a la escuela.

“Todos nosotros tenemos la capacidad de estudiar e ir a la escuela, pero en ocasiones, a causa de los sangrados, nos es muy difícil ir con regularidad a clases”, cuenta Francisco a SUMEDICO.

Las heridas son terribles en los pacientes con hemofilia, debido a la poca capacidad de coagulación que tiene su sistema, de ahí que se necesite estar protegido y no arriesgarse.

“Lo más fuerte que me ha pasado fue una fractura a los 13 años, al menos que yo me acuerde, pero me cuentan que me descalabré a los 3 años porque me aventaron un cochecito a la cabeza, y fue entonces que me diagnosticaron la hemofilia”, manifiesta Francisco.

Sobre los padecimientos que acompañan a la enfermedad, Francisco indica que si bien no se siente nada diferente, lo que distingue a la hemofilia es el dolor en las articulaciones, principalmente en codos y rodillas, “se siente un cosquilleo, como mucho calor o ardor en la articulación”.

Una de las cosas que más le interesa comentar a Francisco es la sobreprotección en la que de repente llegan a caer algunos pacientes con hemofilia, cobijados de más por sus padres.

“Cuando las mamás sobreprotegen a los pacientes con hemofilia los hacen inútiles, me ha tocado ver que los que son sobreprotegidos por sus padres no saben hacer nada. Yo hago todas mis cosas, mi trabajo, hago mis quehaceres, lavo mi ropa, hago mi comida, pero hay jóvenes que no saben hacer nada porque las mamás están siempre encima de sus hijos, los envuelven en una burbuja y no aprenden a hacer nada”, cuenta.

“Inclusive –prosigue– los jóvenes que están siendo protegidos de más llegan a autocompadecerse, es mucho el daño que causa la sobreprotección para nosotros que tenemos hemofilia”.

Finalmente, Francisco lanza un mensaje a aquellos jóvenes que comienzan a vivir con hemofilia, o a darse cuenta de lo que deberán vivir.

“Lo único que les puedo decir es que le echen ganas, la hemofilia no es nada fuera de este mundo, se puede vivir con ella muy bien, siempre y cuando tengan tratamiento oportuno y estén bien atendidos. Aunque es difícil estar riéndose siempre, les digo que la vida es difícil pero si no lo fuera, no tendría caso vivirla”, concluyó Francisco. 


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