Síndrome de Asperger: diferente a autismo típico

El SA, como trastorno, afecta aproximadamente a 2 de cada 10 mil personas; debido a su inteligencia es diagnosticado más tarde que el autismo.

11/08/2010 10:45
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El síndrome de Asperger se diferencia del autismo típico  porque es más leve, pues si bien los pacientes comparten características con otros casos, como es mantener las rutinas, tienen mayor facilidad para desarrollar habilidades como es la comunicación verbal.

El doctor Bernardo Cruz Atilano, jefe de Psiquiatría del Hospital Regional de Zona No. 29 del IMSS, explicó a SUMEDICO que quienes registran Asperger, precisamente por su capacidad de aprender el lenguaje verbal, tienen un poco más de interacción social, además de que tienen mayor capacidad para enfrentar cambios en sus rutinas, de ahí que logren incluso conformar familias.

En el proceso terapéutico, abundó,  llegan a manifestar un interés especial sobre ciertos temas que forman parte del mundo exterior, se trata incluso de una atracción exagerada por los números, o en actividades como pintar, modelar,  etcétera.

Es “común” también que se obsesionen por temas que son sumamente complejos para la media de la población, como es la  astronomía; la vida de los dinosaurios, o bien con la construcción de maquetas, entre otros.

Por esta misma razón, son atraídos por el orden y suelen ser perfeccionistas, prosiguió el especialista del IMSS, por lo que cuando estos intereses coinciden con el entorno que lo rodea, el paciente con Asperger puede lograr una vida ampliamente productiva.

“Aquí hay un dato interesante y despierta cierta polémica, y es que los niños autistas y algunos con el síndrome de Asperger  tienen un coeficiente intelectual muy alto, tenemos Albert Einstein, con ciertas conductas raras y extravagantes, semejantes al autismo, esto quiere decir que pueden desarrollar habilidades con facilidad mayor que otros niños, porque no se pierden en otros estímulos, si se concentran en un objetivo pueden desarrollarlo, pero esto depende de la atención de los padres”, puntualizó el especialista. 

Reiteró que ésta es precisamente una de las principales características de los pacientes con el síndrome en mención, “establecen interés muy intenso por situaciones poco usuales, por ejemplo estar dibujando ciertas figuras, existen autistas que destacan por sus habilidades”.

Respecto al síndrome en mención,  la literatura médica refiere que hace más de cinco décadas, el doctor Hans Asperger, un pediatra austríaco, describió a 4 niños con algunas de las características del autismo, como deficiencias para la comunicación social, pero con una inteligencia normal.

Sus observaciones fueron ignoradas en buena parte hasta que, en 1981, la doctora Lorna Wing también comunicó varios casos de niños con inteligencia normal y problemas sociales similares y acuñó el término Síndrome de Asperger (SA) para diferenciar estos niños de aquéllos con Autismo Clásico, según lo descripto por el Dr. Leo Kanner en 1943. No obstante, recién en 1994 la Asociación  Estadounidense de Psiquiatría reconoció formalmente el Síndrome de Asperger (SA) como una subcategoría definida dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo y publicó los criterios clínicos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-IV).

Las personas con síndrome de Asperger  logran establecer empatías, esto debido a que, de acuerdo a los expertos, tienen una especie de “ceguera emocional”, por lo que en casos más severos puede resultar imposible incluso reconocer el significado de una sonrisa,  o simplemente no ver en cualquier otro gesto facial, corporal o cualquier otro matiz de comunicación indirecta, afirma el doctor Bernardo Cruz Atilano.

“Esta incapacidad de aprender comunicación no verbal, deriva en que no tengan control en sus expresiones faciales, de ahí que cuando se ven forzados a ciertas situaciones sus gestos parecen grotescos, como es el caso de la toma de fotografías familiares donde aparecen como en una especie de colección de muecas sin gracia. Pero si no se encuentran presionados, las sonrisas espontáneas suelen ser normales”.

Para estos pacientes es abrumador el contacto ocular y por lo tanto con frecuencia lo evitan, aunque esto les resulta contraproducente pues la falta de contacto ocular puede llevar a mayores dificultades para interpretar emociones ajenas o en la forma como lo interpretan los demás.

Comúnmente se ha considerado que las personas afectadas por síntomas autísticos suelen ser superdotadas pero lo que sucede con en el síndrome de Asperger, lo que ocurre es que el cerebro afectado se concentra intensamente en temas específicos, lo cual puede ser interpretado como una cualidad especial.

Esta impresión acerca de la capacidad intelectual ha sido probada en estudios epidemiológicos recientes que demuestran que los individuos con síndrome de Asperger tienen una capacidad intelectual igual o superior a la media.

Sobre el síndrome de Asperger

El SA, como trastorno, afecta aproximadamente a 2 de cada 10 mil personas. Es menos prevalente que el  autismo, ya que éste afecta más o menos a 10 de cada 10 mil personas. Sin embargo, debido a su inteligencia relativamente normal y su lenguaje aparentemente adecuado para la edad, los niños con SA suelen identificarse más tarde que los niños autistas.

¿Cuáles son algunas de las estrategias terapéuticas más útiles?
La identificación y el tratamiento tempranos del Síndrome de Asperger constituyen las claves para obtener un óptimo resultado:

  • El tratamiento debe comprender:
  • El mejoramiento de la comunicación social.
  • La estimulación de la autonomía.
  • La prestación de servicios de apoyo para la familia.
  • La creación de un ambiente educativo y laboral seguro que promueva un clima de aceptación.
  • En caso de niños con SA y enfermedades coexistentes (como ansiedad, depresión, hiperactividad con déficit de atención), es conveniente el uso de medicación para complementar el tratamiento.

¿Qué podemos hacer como padres?
Los padres preocupados por el desarrollo social, emocional, motriz y del lenguaje de su hijo deben seguir su instinto y buscar ayuda lo antes posible. NO deben esperar con la esperanza de que el niño crezca y “todo pase”.
Sino más bien, deben comenzar consultando al pediatra del niño o al médico de familia y prepararse para pedir evaluaciones adicionales a un pediatra del desarrollo, un psiquiatra infantil y un psicólogo. Los resultados de estas evaluaciones facilitarán la elaboración y la implementación de un plan terapéutico a la medida de su hijo. (Tomado del Changing the Face of Child Mental Health)
 


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