Saber que la vida es cambio, vía para ser felices

Gina Tarditi, psicoterapeuta del Instituto Nacional de Cancerología, habla sobre cómo construirnos atmósferas de bienestar. n

19/03/2014 10:17
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“Todos los días lo veo con mis pacientes: Es sorprendente, muchas veces a raíz de algo que parece lo peor que puede ocurrirles en la vida,  que es difícil y lo viven con tristeza, y hasta con enojo durante un tiempo, poco a poco ellos se van adaptando no solamente al proceso, sino que van redescubriéndose. Ese es el punto, la vida nos da oportunidad de reinventarnos varias y las veces necesarias, eso incluye la felicidad”.

Así se expresó la psicoterapeuta Gina Tarditi, del Instituto Nacional de Cancerología, durante la mesa especial realizada en SUMÉDICO Radio, con motivo del Día Mundial de la Felicidad. Y es que, alguna vez se han preguntado si hacen un trabajo porque es lo único que saben hacer o si ¿lo hacen porque es lo que les gusta hacer? Acaso será que preferirían hacer algo que les costará más trabajo, pero lo van a disfrutar más?

O quizá siempre quisieron tocar un instrumento musical, pero la vida va tan de prisa que siempre se tiene tiempo para lo urgente, pero nunca para lo importante. Estas dos fueron las premisas que la psicoterapeuta puso sobre la mesa, en MVS Radio.

“Hay que reflexionar en que la vida es sólo una y que puede cambiar de la noche a la mañana; es importante intentar al menos aquello que siempre se ha dejado ahí para “cuando se tenga tiempo”. Eso es lo que he visto en mis pacientes y eso me ha ayudado mucho a mi también a entender que la vida es cambio, que no todo es ganar, pero que tampoco todo es perder y que en la medida en que los seres humanos aprendemos a reconciliarnos con nuestra historia, a integrar esas pérdidas con las ganancias que siempre encontramos detrás de cada una de ellas, es que podemos realmente decir: “mi balance es bueno, es positivo”.

Pero Tarditi fue clara al expresar que no podemos esperar que la gente siempre esté sonriendo y diga: “ay, yo soy feliz porque así tengo que decretarlo”, no. La vida tiene dificultades, pero la felicidad, dijo la especialista, es esa sensación de estarse cumpliendo a uno mismo.

“Me estoy cumpliendo a mí. Tengo el privilegio de hacer cosas que me llenan; sé que dentro del paquete vendrán otras cosas que no son tan agradables pero la meta sí lo es y uno tiene que cargar con lo que no le gusta. Por poner un ejemplo: quien quiere tener bebés también va a tener que desvelarse, tomar responsabilidades, pero la meta, que es el bebé, vale la pena.

“Yo creo que como seres humanos muchas veces nos perdemos buscando los grandes acontecimientos de la vida. Entonces escuchas: “Yo voy a ser feliz el día que pueda retirarme y pueda dedicar el tiempo para poner mi huertito” o “el día que tenga dinero para llevar a mis hijos a Disneylandia” o “el día que mi mujer cambie” o “el día que mi hijo deje las drogas”. Y no, así no es la vida, la vida se vive en el camino y todos los días la vida nos ofrece cosas buenas. Si desarrolláramos esa capacidad de responder cada día ¿qué tuvo de bueno hoy?, sería otra historia.

Y es que, alerta la especialista, muchas veces nos quedamos con el concepto de felicidad que nos venden: el de belleza, de juventud, de riqueza y creemos que así es como se mide el éxito, y “la verdad es que grandes pensadores nos han hecho ver siempre que no es así.

“Hay un libro muy interesante, de Federico Reyes Heroles, que se llama “Alterados” y en él hace una serie de cuestionamientos como por ejemplo: “Si es la época de mayor desarrollo, tendríamos que estar felices porque nos dicen los indicadores que a mayor bienestar económico material la gente tendría que ser más feliz. Entonces que alguien me explique por qué hoy también se venden más antidepresivos, por qué hay más drogadicción”. Y sí es cierto, son grandes preguntas a las que la respuesta que encuentro es que la gente busca la felicidad afuera, en los cartabones que se han impuesto y en lo que vemos”.

Entre más mayor ¿más feliz?
Durante el programa de SUMÉDICO, que se transmite todos los domingos a las 10 de la mañana, en la frecuencia del 102.5, Gina Tarditi también compartió otra investigación realizada por la doctora Laura Carstensen, de la Universidad de Stanford, donde se analiza la relación que la longevidad tiene o tendría que tener con la felicidad, el estrés, las emociones, “y de lo que se ha dado cuenta es que estas personas reportan ser más felices.

“Entre algunas de las cosas a las que ellos refieren es que, no es que no vean la parte negativa de la vida o de las situaciones que enfrentan, pero no se quedan ahí, prefieren mirar hacia el otro lado, no quedarse nada más con lo negativo. Por otro lado, tienen claro que hay batallas por las que ya saben que no vale la pena pelear, que hay que aprovechar lo que queda, mientras que cuando estamos más jóvenes queremos el mundo perfecto, pero luchamos quizá equivocadamente.

“Las personas, a mayor edad se van dando cuenta que realmente los afectos son pequeños, que puedes querer a la humanidad entera si tú quieres, pero esos lazos donde compartes emociones, sentimientos y haces empatía son círculos más pequeños”.

La especialista recalcó que lo más importante es disfrutar, cultivar nuestras pasiones. Ver a nuestro trabajo como una forma de ganarnos la vida, pero también de generar un sentido de pertenencia, de identidad, que nos permite aportar algo a la sociedad, sea lo que sea.

Solos y felices
Al hablar de soledad, la psicoterapeuta afirmó que este es un estado que también uno elige, “porque tú puedes estar acompañado de muchas personas y sentirte tremendamente solo, o no tener pareja pero estar rico en afectos. Conocernos a nosotros mismos yo creo que sería un primer paso; dejar de contaminarnos con lo que los demás dicen que tenemos que hacer para ser felices y entender que la felicidad es un estado interno y que el ser felices no significa que todo nos va a salir bien en la vida, siempre habrá problemas, retos qué enfrentar”.

“Lo importante es aprender a reconocer que detrás de cada problema algo has aprendido, algo has logrado, o por lo menos la satisfacción propia de haberlo podido enfrentar y salir adelante. Siempre
podemos modificar conductas: si me doy cuenta de que la gente me rechaza tendría que preguntarme qué me está pasando a mí y saber que puedo modificar aquello de lo que no estoy orgulloso, no porque yo sea mala persona, pero quizá mi necesidad de estar acompañado me hace manipular o controlar.

“La vida nos ofrece oportunidades de disfrutarla, tenemos que preguntarnos qué es lo que queremos para nosotros, no qué quieren los demás”, concluyó la especialista.

 


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