Sal, colesterol y estrés, enemigos del corazón

El cloruro de sodio cuando se consume en exceso daña las arterias provocando en el paciente una hipertensión de difícil control.

26/09/2011 9:06
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El exceso en el consumo de sal y de comidas con alto contenido de grasas saturadas, en combinación con un alto nivel de estrés, es una combinación de alto riesgo para que suframos de un infarto al miocardio, aseguró en SUMEDICO radio el doctor Jaime Santiago Hernández, integrante de la Asociación Nacional de Cardiólogos de México.

Escucha aquí la Primera y Segunda parte de la entrevista de radio. 

Apuntó que el infarto consiste en la muerte de un pequeño segmento del corazón, el cual puede ser atendido de manera oportuna si se atienden debidamente síntomas como dolor y opresión en el pecho, sensación de angustia extrema y dificultad al respirar. Hay otras señales que deben de considerarse, como dolor en el estómago, cuello y mandíbula.

Exceso de sal

El especialista precisó que los exceso en sal, grasas, así como casos de alto consumo de bebidas alcohólicas, favorecen enfermedades como hipertensión, dislipidemias (alta concentración de grasas “malas” y bajo nivel de grasas “buenas”), así como diabetes, las cuales afectan directamente a nuestro corazón.

Explicó que el problema de la sal es que tiene cloruro de sodio y cuando este se ingiere en exceso daña las arterias y esto deriva en una propensión a la hipertensión de difícil control.

El consumo de cloruro de sodio recomendado es de dos gramos, pero dadas las costumbres alimenticias entre los mexicanos, llegamos a los 4 y hasta 6 gramos, por lo que el especialista sugirió como una medida de control el comer los alimentos con la sal con la que fueron ya preparados, sin agregar nada más. El exceso de sal, insistió, puede ser tan negativo que incluso elimina las propiedades de alimentos como el pepino y jícama.

Las grasas

El cuanto a las grasas en los alimentos, el doctor Santiago Hernández refirió que existen dos tipos: aquellas que tienen contundencia de alta densidad, llamadas HDL o “buenas” que entre mas concentración tengan son mejor porque impide se enfermen las arterias. 

Pero desafortunadamente, apuntó, se encuentra también el colesterol “malo” o LDL, de baja densidad, el cual se acumula en las arterias y evita la libre circulación de la sangre, por ende ejerce presión extra al corazón. Lo ideal es que este tipo de grasas se encuentren por debajo de 170 miligramos en las personas sanas, o bien de 140 en aquellas con antecedentes de un mal cardiaco.

El estrés

Referente al estrés, apuntó que este provoca el endurecimiento de las arterias y esto predispone a la hipertensión, así como a trastornos metabólicos que son causa de diabetes. 

Pero además, el estar sometido a tensión constante eleva la frecuencia cardiaca y esto, a su vez, es causa de estrés físico al corazón que puede derivar en un infarto.

Por ello, enfatizó, es claro que si una persona cardiópata debe de mitigar su estrés emocional y familiar, a fin de evitar se vuelva a presentar un cuadro de infarto.-

El vino, ¿es bueno o malo para el corazón?

El cardiólogo Santiago Hernández aclaró que el consumo moderado de alcohol, en especial de vino tinto, es benéfico porque actúa en el metabolismo de las grasas, es decir, ayuda a su descomposición dentro del organismo por lo que se bajan los índices de colesterol “malo” y aumenta el del “bueno”.

Sin embargo, cuando se llegan a niveles de alcoholismo con una ingesta muy profusa se provoca un daño conocido como miocardiopatía dilatada alcohólica, la cual deriva en que el corazón crezca a un tamaño mayor al que cuenta dentro del organismo y ello es causa de que se oprima y realice mayor esfuerzo para cumplir su función de bombear la sangre a todo el organismo.

Es por ello, enfatizó, que lo recomendable es un consumo moderado de bebidas alcohólicas, sugiriéndose el vino tinto porque confieren el beneficio en el manejo de lípidos en la sangre.

Una vida normal después de un infarto

El doctor Jaime Santiago Hernández destacó que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en la población en general. Típicamente el hombre es más propenso a partir de los 45, pero los riesgos se igualan con respecto a la mujer cuanto llega a la menopausia, porque las hormonas se deprimen y ya no dan la misma protección al corazón.

Indicó que si bien existen diferentes magnitudes de infartos y algunos pueden ser sumamente severos, gracias a los medicamentos con los que se cuentan actualmente es posible tener una buena calidad de vida, “siempre y cuando el paciente cumplan con su tratamiento y medidas de protección secundaria (…) El paciente se debe ubicar con un problema serio y tener la conciencia de que si no quiere volver a sufrir un infarto se debe de cuidar”.

En cuanto a la sexualidad, el especialista apuntó que si bien un infarto merma la capacidad física, es posible tener una vida normal con la pareja; sin embargo, acotó, es necesario hablar con el médico pues hay medicamentos que pueden causar disfunción eréctil.

Sin embargo, puntualizó, lo óptimo es la prevención a partir de una revisión periódica, por lo menos cada año en personas sanas o cada seis meses por lo menos en pacientes cardiópatas; así como cambios de hábitos como una alimentación saludable, realización de ejercicio, y abandono de adicciones como tabaquismo y alcoholismo, entre otras.  


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