Tras cautiverio, hay secuelas psicológicas

Expertos afirman que aún cuando las mujeres de Cleveland, que pasaron diez años secuestradas están a salvo, deben reconstruir su autoestima.

09/05/2013 4:36
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Después de permanecer una década secuestradas, tres mujeres de Cleveland, Amanda Berry, Gina DeJesus y Michelle Knight, lograron escapar de su cautiverio, pero su viacrucis, dicen expertos, aún no termina.

Herb Nieburg, profesor de estudios de derecho y políticas de justicia del Mitchell College en Nueva Londres, Connecticut,  afirmó que “delante hay una inmensa cantidad de horas en términos de asesoramiento y trabajo con ellas para el tratamiento del trastorno por estrés postraumático“.

De acuerdo con el experto, es necesario que las mujeres se vuelvan psicológicamente fuertes, porque aunque ya están fuera de peligro físico, el trabajo emocional es muy complicado.

El especialista señaló que la recuperación emocional es complicada porque los secuestradores tienen tácticas muy específicas que provocan que las víctimas se sientan inútiles, impotentes y asustadas.

“Las mujeres victimizadas son separadas por sus captores de toda la gente y experiencia que tuvieron que podrían contribuía a su autoestima, autoconfianza y su identidad”, explica Rona Fields, psicóloga, socióloga y autora del libro Contra la violencia contra las mujeres: el argumento a favor del género como clase protegida.

La especialista señaló que estos patrones están presentes en todo el mundo, y que cuando se han destruido los lazos con sus familiares, la víctima comienza a sentir que la abandonaron y que es rechazada.

Una niña de seis años fue encontrada, se ha dicho que es la hija de Amanda Berry, y quien nació mientras su madre estaba detenida, y aunque no hay informes, se sospecha que las otras dos mujeres encontradas, fueron víctimas de abusos y palizas.

Esta mezcla de violencia física y sexual puede contribuir todavía más a la sensación de peligro, una obediencia aprendida y una psique dañada que puede persistir después de que termine el abuso.

“El abuso sexual es humillante, degradante, no te hace sentir muy bien de ti misma”, explicó Nieburg. “Inspira una sensación de desesperanza”, dijo.

Este caso se ha presentado en otras niñas que han desaparecido como Elizabeth Smart y Jaycee Dugard.

Smart tenía 14 años cuando fue sacada de su cama en medio de la noche por Brian David Mitchell, quien la reclamó como su esposa y abusó de ella en repetidas ocasiones durante nueve meses.

Dugard fue secuestrada por Phillip Garrido mientras iba al colegio cuando tenía 11 años y fue mantenida en cautiverio durante 18 años, tiempo en el cual dio a luz a dos niños.

Tanto Smart como Dugard tuvieron muchas oportunidades de llamar la atención hacia ellas y de sus captores. Mitchell llevó a Smart a fiestas en la zona de Salt Lake City y comieron juntos en restaurantes. Dugard habló con el oficial de libertad condicional de Garrido y trabajó en su negocio de impresión.

Cuando finalmente fueron requeridas por las fuerzas del orden, tomó tiempo y presión para que las mujeres admitieran sus verdaderas identidades.

Los trastornos psicológicos llegan a ser tan graves, que incluso cuando cesan los abusos, la víctima puede sentirse agradecida con su secuestrador, pero a la vez hay un gran temor por escapar, porque en caso de ser descubierta, las consecuencias son inimaginables, mencionó Peter Suedfeld, profesor emérito de psicología de la Universidad British Columbia.

 Dugard le dijo a Diane Sawyer que la razón por la que no intentó escapar se debido a: “lo que sabía era seguro, lo desconocido allá afuera era aterrador”, mientras que Berry intentó escapar, y al hacerlo pudo liberarse, liberar a su hija y a las otras dos mujeres en la casa.

Su llamada a los servicios de emergencia estadounidenses, 911, pudo ser revelador. “Soy Amanda Berry”, dijo. “He estado en las noticias durante los últimos diez años”.

Ese sentido de personalidad, y de saber que estaba siendo buscada, pudo haberla ayudado a reunir la confianza de escapar.

“Hay un sentimiento de abandono si piensas que la búsqueda terminó”, señala Suedfeld, y ese miedo es usado con frecuencia por los secuestradores, quienes les dicen a sus cautivos que sus familias ya dejaron de buscar. Pero Berry sabía que no había sido olvidada, y eso pudo darle fuerzas para luchar por la libertad. (BBC)


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