Tres historias del VIH en la Ciudad de México

El miedo de vivir con la enfermedad se contrapone con la práctica de tener relaciones sexuales sin protección.

01/12/2014 8:43
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A 31 años del primer caso de contagio de VIH en México las autoridades reconocen que “algunos sectores han bajado la guardia” en la batalla por la erradicación del virus que sigue siendo mortal.
 
Con un promedio de mil 300 contagios anuales (3.5 casos nuevos detectados cada día) México es la punta de lanza en la menor prevalencia de personas infectadas. Sin embargo, existe un universo de alrededor de 100 mil personas que no saben que tienen el virus.
 
El miedo de enfrentar la vida con VIH
Una gripa. Solo era una gripa que se complicó y que obligó a Alfredo a ir al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) a hospitalizarse. Le dijeron que estaba “a nada” de convertírsele en neumonía. Alivio… había llegado a tiempo.
 
El consuelo le duró un par de horas, hasta que un médico se le acercó y lo miró escéptico. Le pidió que cuando se sintiera mejor acudiera con el psicólogo del Instituto.
 
¿Un psicólogo, para qué? Unas horas más tarde y ya estabilizado por una serie de medicamentos “fuertes”, Alfredo se acercó a una oficina, dentro un psicólogo de guardia le dijo que lo estaba esperando, le pidió que se sentara, le hizo una pregunta, de esas que ya traen la respuesta implícita.
 
“¿Ya sabe que es portador, verdad?”, cuestionó el psicólogo.
“¿Portador, de qué?”, respondió Alfredo mientras un hoyo negro, de esos que se tragan sistemas solares pero que esta vez se tragaba su vida, se formó a la altura de la boca de su estómago.
 
Hubo en la cara del especialista una expresión que confirmó que había empezado mal la entrevista. Reculó.
 
“¿Qué es lo que sabe de VIH?”, dijo… pero el daño ya estaba hecho. Mil cosas bombardearon la cabeza de Alfredo. La principal, la más fuerte: la muerte. También hubo sentimientos de culpa, coraje, decepción.
 
Alfredo volvió a su cama sintiendo que sus piernas habían salido huyendo a un lugar donde los días no estuvieran contados. Una palidez combinada con un hormigueo adormecedor lo abrazó fuerte. Estaba absorto en pensamientos fatalistas.
 
Durante la madrugada (“creo que eran como 03:00) Alfredo fue al baño, su mente en blanco, su proceso psicológico lo había llevado a pensar en las distintas formas en decirle a su familia que era un “sidoso”, de esos a los que carcome más rápido el estigma que el virus. Se imaginó tendido en una cama, agonizante, clamando vida.
 
Se miró en el espejo del baño que compartía con otros seis pacientes. Un frío húmedo le hizo voltear a su lado derecha, había una ventana por donde se colaba una brisa: metáfora de un fin instantáneo.
 
Como pudo alcanzó el marco, utilizó sus pocas fuerzas para alzarse y meter la mitad de su cuerpo en ella. No había vértigo a pesar de que era un tercer piso, no había miedo, era su única escapatoria. No se esclavizaría a una agonía vergonzosa… se dejó caer.
 
Mientras caía cerró los ojos, él sintió que se lanzó de cabeza –para que la muerte lo recibiera de nuca-. Pero cayó con las piernas y su tronco amortizó el golpe.
 
Eran noches de septiembre, una lluvia cobijó el intento de suicidio de Alfredo quien además del virus, ahora tenía que lidiar con un par de huesos rotos y un frío que lo hizo sentirse la persona más sola del mundo.
 
Alfredo está sentado ahora (dos años después) en un sofá, viste una chamarra color caqui, una boina y pantalones de pana. Su postura ha sido la misma desde que empezó la entrevista.
 
Entrelaza los dedos de las manos sobre sus rodillas cruzadas; no es un “sidoso” como lo pensó aquella noche, es un contador público con una enfermedad que ha logrado controlar.
 
Sobre cómo se infectó prefiere no hablar, prefiere no recordarlo porque le hace daño. Sólo accede a decir que confió en su ex pareja, un hombre que parecía fiable y que le dijo que si utilizaba condón cada que tenían relaciones era porque no confiaba en él.
 
El panorama en México
Cada día, según Patricia Uribe Zúñiga, directora General del Centro Nacional para la prevención y el Control del VIH/SIDA (Censida), 3.5 personas como Alfredo se infectan del virus. Mil 300 al año.
 
“La epidemia en México está estable y concentrada, tenemos la prevalencia más baja de América latina. La encuesta nacional de salud señala que la prevalencia en la población entre 15 y 49 años es de .24%. Es decir que hay 24 personas infectadas de cada 10 mil”, afirma.
 
En México se estima que en promedio podrían vivir 180 mil personas con VIH, con un máximo de 230 mil. Pero, en los registros de la Secretaría de Salud sólo hay contabilizados 116 mil 936 personas (De esos son 50 mil con VIH y tenemos 66 mil con SIDA), al 30 de septiembre de este año.
 
Es decir que hay poco más de 100 mil personas infectadas pero que no lo saben. “Esas personas no están reportadas porque no se han hecho la prueba, creen que no están infectadas, se sientan bien y sin síntomas”, asegura.
 
Transgénero, población en riesgo
Ingrid es una diosa, así se autodefine. Mide 1.80 con tacones de aguja, huele a una imitación de Christian Dior. Es transexual, un promedio de 60 hombres la busca los viernes.
 
Esta sexoservidora tiene un racimo de historias en la memoria. La más reciente es de su amiga Pamela, quien murió hace tres meses infectada por “esa madre”.
“Trabajó como un año sin problemas, exigiendo condón siempre; pero cuando andaba toda pasada sí aplicaba a pelo”, se sincera.
 
Pamela era una de esas trans que se sacan la tanga arriba de la minifalda. Se compran el bra una talla más chica “para que se las levante” y se ponen brillos en el pecho. “Porque a ellos los vuelve locos”.
 
“Era bien linda”, se sincera Ingrid y llora. Se tarda cinco minutos en volver a responder otra pregunta.
 
En el Distrito Federal hay, según cálculos de la asociación Pro Diana, dos mil servidoras sexuales que han modificado su cuerpo (trans). Todas, expuestas a contraer el virus.
 
“La mayoría (de los trans en el DF) se dedica a la actividad sexual porque no hay otra forma de trabajar, es eso o poner una estética que por lo general sale como en 20 mil pesos. Algunos clientes traen como fantasías bien locas y muchas veces las obligan a hacerlo sin condón. No es porque les guste”, defiende Ingrid a su difunta amiga.
 
Diana Barrios, líder de la asociación, afirma que con la reciente aprobada Ley de Cambio de Nombre y Adecuación Sexual en caso de Discordancia con la Identidad de Género la detección de enfermedades venéreas entre la comunidad homosexual podría reducirse el número de personas infectadas.
 
“Se trata de que tengamos acceso a servicios como salud. Que se nos ha impedido porque nos ven de una forma y nos identifican de otra”, afirma la activista  política.
 
Según cifras oficiales, la prevalencia de VIH sigue concentrada en cuatro grupos:
  • De los hombres que tienen sexo con hombres
  • Mujeres transexuales
  • Hombres trabajadores sexuales
  • Usuarios de drogas inyectables
Hay otro grupo, el de las mujeres heterosexuales que siguen representando un riesgo, señala Patricia Uribe Zúñiga, directora General de Censida.
 
“Tenemos alrededor de tres mil niños menores de 15 años vivos, infectados (con VIH). En el último año diagnosticamos 118 casos por transmisión vertical”, afirma la especialista y asegura que en los casos de contagios heterosexuales, en 90% los transmisores fueron los esposos.
“Hombres que tuvieron sexo con hombres”, recalca.
 
Andrea González, Coordinadora del Programa de SIDA de la Clínica Condesa, detalla que en la Ciudad de México se estima que a finales de 2012, un total de 40 mil personas vivían con VIH en el Distrito Federal. Este número representa el 17% del total nacional.
 
En el Distrito Federal se encuentra el 21.4% de los casos notificados de VIH y SIDA a nivel nacional.
 
Prácticas de riesgo
Alejandro es bajito (no alcanza el 1.70 de estatura) Es bien parecido, de tez blanca y cabello rizado. Es lo que en el ambiente se conoce como un tunqui: un tipo de cara bonita y tierna que se hace pasar por un menor de edad, aunque en realidad tiene 23 años.
 
“Estudio en la Libre de Derecho. No vengo todas las tardes pero por lo menos unas tres veces a la semana sí”, afirma Alejandro.
 
Alex, como pide que se le llame, habla de una casa cerca del Metro Sevilla donde se realizan las fiestas Bareback, o fiestas a pelo.
 
“No es obligatorio que lo hagas sin condón, pero cuando sí vienen unas colas ricas pues te gana la calentura”, detalla.
 
En estas casas, la condición es entrar en ropa interior o sin ella. Hay cuartos oscuros donde se puede tener sexo sin inhibición y sin preservativo.
 
Al entrar, en una recepción, los asistentes dejan sus atuendos en una bolsa de plástico y de inmediato van a la barra por un trago que, por la cantidad de 100 pesos, es libre toda la noche.
 
“Al principio sí me ganaba como el remordimiento de que algo me habían contagiado, pero pues no pasa nada”.
 
¿Y el VIH?, se le pregunta.
 
“¡Ay qué rico!”, bromea entre las penumbras de un cuarto oscuro en el que entran otros dos hombres y lo abordan, le preguntan si está disponible y él responde que sí. Comienza la interacción entre todos.
 
Según la Secretaría de Salud, en México la mortalidad por SIDA es de 4.2%.
“Estamos gastando para prevención y atención alrededor de siete mil 500 millones de pesos, que corresponden al 0.9% del total del presupuesto en salud”, desglosa Patricia Uribe Zúñiga, de Censida.
 
A finales del año pasado 84 mil 910 personas estaban en tratamiento en la SSA. Alrededor de tres mil 500 personas fallecieron víctimas del SIDA.
 
“¿A poco nunca lo has hecho con la verga encuerada? Se siente chingón”, jura Alex. (Con información de La Silla Rota)
 

 


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