Una dieta alta en grasas podría inflamar tu cerebro

Una razón más para dejar de comer grasa

11/07/2017 3:00
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Cuando pasas mucho tiempo sin comer es normal comenzar a sentir un antojo por toda esa comida grasosa y chatarra. Comida que daña muchas partes de tu cuerpo como las arterias, tu peso, colesterol y también tu cerebro.

Mi cerebro es adicto a la grasa

Los humanos tenemos un cerebro adicto a la grasa. Durante decenas de miles de años, esta dependencia nos ayudó a desarrollar un intelecto cada vez mayor y sobrevivir en un entorno en el que escaseaba el alimento.

Las grasas son una de las fuentes más ricas en calorías así que cuando las encontrábamos, las neuronas aumentaban nuestro apetito para que nos diésemos un festín y atesorásemos nutrientes para los días de escasez.

Nuestro modo de vida ha cambiado mucho desde entonces, pero no así nuestro cerebro, que nos sigue pidiendo más combustible en un nuevo entorno donde la comida saturada de grasas, sal y azúcar, está siempre al alcance de la mano. He aquí una de las razones de la creciente epidemia de obesidad. Es muy difícil luchar contra la evolución.

Dieta alta en grasas

Un equipo de científicos en Estados Unidos acaba de revelar una clave fundamental que gobierna este proceso y que podría permitir desarrollar mejores fármacos contra la gordura. Hasta ahora se sabía que la ingesta de alimento está controlada por neuronas en el hipotálamo, un área muy interna y fundamental del encéfalo, mediada por hormonas como la leptina.

Pero eso es sólo parte del proceso. Tal y como explica el nuevo estudio, las células del sistema inmune del cerebro, la microglía, se inflaman con el consumo de una dieta alta en grasas. Esa inflamación está relacionada con el aumento del apetito y, por tanto, el sobrepeso y la obesidad.

Ser glotón por culpa de tu cerebro

En su estudio los investigadores han usado ratones a los que se les eliminan o se les desactivan genéticamente las células de la microglía. A pesar de seguir consumiendo la dieta atiborrada de grasas los animales modificados comen un 15% menos y pierden hasta un 40% de peso. Por el contrario, si a un ratón normal se le provoca una inflamación de estas células en el hipotálamo empiezan a comer un 33% más y ganan hasta cuatro veces su peso.

Todo esto apunta a que la comida alta en grasas provoca una inflamación de la microglía que a su vez desencadena la glotonería que el cerebro lleva programada en sus neuronas.

“Actualmente hay algunos fármacos que actúan directamente sobre las neuronas que regulan el apetito, pero no son muy específicos y producen efectos secundarios como depresión y ansiedad”, explica el español Martín Valdearcos, investigador en la Universidad de California en San Francisco y primer autor del estudio, publicado en Cell Metabolism. “Desde el punto de vista terapéutico es mucho más fácil intervenir en estas células, así que se abre la puerta a encontrar un fármaco que regule este mecanismo”, señala.

Las células cerebrales implicadas en este proceso forman parte de la glía, un conjunto de células del encéfalo a las que hasta hace poco sólo se las consideraba una especie de andamio para sujetar a las neuronas.

Estudios más recientes han demostrado que estas células pueden tener otras funciones más importantes en el funcionamiento del encéfalo. Al igual que los ratones del estudio, las personas obesas tienen las células de la glía inflamadas en el hipotálamo, mientras que las personas que están en su peso, no. Y esta inflamación también sucede en humanos con daño cerebral, enfermedades neurodegenerativas y cáncer.

Si no tienes olfato, puedes adelgazar

Pablo Irimia, portavoz de la Sociedad española de Neurología, resalta que este estudio “permite establecer un abordaje de la obesidad algo diferente de lo que se ha hecho hasta ahora”.

El neurólogo de la Clínica Universitaria de Navarra, que no ha participado en el estudio, destaca: “cualquier animal deja de comer cuando está saciado aunque haya más alimento, pero los humanos no, comemos y comemos a pesar de habernos saciado”.

“Esto se explica por las diferenciasen el hipotálamo y, en concreto, en las células de la microglía, tal y como señala el nuevo estudio”.

Valdearcos señala que conseguir un nuevo fármaco que modere este mecanismo tan conservado durante la evolución es especialmente necesario para personas con problemas serios de obesidad en los que el ejercicio y el cambio de dieta no funcionan, pero, en un futuro, también podrían tener un beneficio para la población general en los tiempos de la comida procesada.

Aunque no está claro por qué, los investigadores piensan que el olor de la comida tiene un papel importante en cómo el cuerpo quema las calorías. Sin olfato, es posible que el metabolismo queme más energía en lugar de almacenarla.


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