Veneno de araña, posible antibiótico

Científicos de la UNAM investigan tres especies de tarántulas, a partir de cuyo veneno se podrían crear nuevas medicinas.

03/09/2010 10:34
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A partir del veneno de araña, se pueden crear analgésicos para uso humano y bioinsecticidas contra las plagas agrícolas, informó un equipo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, que encabeza Gerardo Corzo.

En el Instituto de Biotecnología, que se encuentra en Cuernavaca, estudian 450 proteínas del veneno de tres especies de tarántulas: Brachypelma verdezy, Cyclosternum fasciatum y Aphonopelma seemani, que no son peligrosas para el ser humano y tienen su hábitat en México.

El científico mexicano explicó que como los alacranes y las serpientes, las arañas contienen algunos péptidos, proteínas de tamaño muy pequeño.

“Tienen moléculas con la capacidad de ser analgésicas y antibióticas, esto es, pueden matar bacterias patógenas que infectan al hombre”, señaló.

Las arañas utilizan su veneno para paralizar a la presa que van a ingerir y para alejar a sus depredadores. Pero algunas proteínas del veneno también afectan algunos receptores humanos que se pueden usar con beneficio propio.

“Las moléculas del veneno afectan canales iónicos de calcio, sodio, y potasio, pero en el humano algunos de ellos se relacionan con la percepción del dolor. Nuestra función es buscar qué moléculas en ese complejo son las que pueden tener esta función analgésica que reduce la percepción del dolor”.

En su investigación, el equipo ha trabajado con tres especies de tarántulas, cada una de ellas con unos 150 componentes. “Algunos se repiten porque hay familias de compuestos, pero tienen cambios pequeñitos que son importantes”.

De 150 componentes de un veneno, mediante un tamiz se han obtenido tres componentes analgésicos, que deberán someterse a los otros dos exámenes para verificar su potencial.

Para extraer el veneno, Corzo le da una pequeña descarga eléctrica a la tarántula, para hacerla expulsar la sustancia del mismo modo que lo hace cuando se acerca un depredador.

El veneno se lleva al laboratorio y ahí comienza el análisis de su composición química. “Filtramos para obtener el compuesto más apto o con la mayor actividad específica que buscamos”, señaló.

Con modelos de bacterias, miden también el potencial antibiótico y el efecto microbicida.
Como el veneno de las arañas se produce en cantidades muy pequeñas, en el laboratorio, Corzo y su grupo identifican y aíslan las proteínas con potencial para luego reproducirlas.

“El proceso se puede realizar mediante síntesis química o a través de expresión molecular, por medio de la técnica de ADN recombinante”, explicó.

Aunque falta mucho camino por andar, Gerardo Corzo tiene las tres líneas de investigación abiertas: para la obtención de antibióticos y analgésicos en el caso de futuros medicamentos para humanos, y otra, para el desarrollo de bioinsecticidas que ataquen a insectos específicos, pues así se garantiza su eficiencia para el control de plagas y la inocuidad para otras especies.


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