Vigorexia, camino a la debilidad extrema

Hacer ejercicio de manera obsesiva en la búsqueda del cuerpo perfecto es un trastorno que ataca a los deportistas de gimnasio.

25/01/2011 7:56
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Lucir grandes y marcados músculos, con la posibilidad de resaltar cada tendón y vena, se ha convertido en una de las aspiraciones de muchos hombres jóvenes, en especial adolescentes; sin embargo, el incurrir en excesos como  hacer hasta más de tres horas de ejercicio y basar su alimentación en suplementos puede llevarlos a una gran debilidad que los imposibilite a moverse, agregándose daños a los riñones, hígados y al corazón; además hay pérdida de apetito sexual y pueden a llegar a quedar estériles.

Estos son algunos de los riesgos al padecer vigorexia, la cual se relacionen a otros trastornos mentales, como una errónea percepción de su cuerpo, ansiedad, depresión, agresividad y tendencias suicidas. Ve aquí el video

Las doctoras María Eugenia Ibarzábal Ávila, directora de la Clínica de Trastornos de la Alimentación del Hospital Médica Sur y   María Teresita del Niño Jesús Sánchez Martínez, especialista del Hospital Regional de Psiquiatría Morelos del IMSS, explicaron a SUMEDICO que la vigorexia se clasifica actualmente como un trastorno inespecífico de la conducta alimenticia,  pues aun no se establecen todos los criterios diagnósticos, como se ha hecho ya con la anorexia y bulimia que son ya específicos, es decir, cuentan con toda una base de sintomatología para su diagnóstico.

Sin embargo, apuntó la doctora Ibarzábal Avila, el término vigorexia toma cada vez mayor fuerza dentro de la sociedad, lo cual puede permitir más conciencia sobre la existencia de este trastorno y sus riesgos.

Vigorexia, precisó, es hacer ejercicio de manera obsesiva compulsiva y está relacionada con la forma de comer, pues las personas con este trastorno restringen su alimentación al eliminar las grasas primordialmente.

Es hacer ejercicio obsesivo compulsivo, relacionado con la forma de comer porque restringen la alimentación, generalmente eliminan las grasas, disminuyen el consumo de harinas, fibras, etcétera, y elevan la ingesta de carnes y semillas, además de que ingieren en exceso suplementos alimenticios, muchos de ellos anabólicos.

“El problema es que los suplementos alimenticios no son recetados por médicos, sino por entrenadores quienes, en su mayoría, no cuentan con la debida capacitación para guiar hacia una adecuada ejercitación y alimentación”. Esto, puede llevar a severos problemas de discapacidad, enfatizó la experta.

“Aquí en la clínica tuvimos a un paciente de 17 años que hacía ocho  horas de ejercicio,  al día comía con muy pocas kilocalorías; como al mes de estar en el hospital, no podía mover el pie derecho, lo tenía como suelto. Se empezó a investigar si era un problema viral o reumatológico, pero no, finalmente –se estableció- que se habían ido consumiendo los músculos, entonces cuando empezó a nutrirse,  a realimentarse, pudo caminar perfecto”.

Cuando el ejercicio se “come” el músculo y al cerebro

La pérdida de capacidades físicas, explicó la doctora Ibarzábal Avila, es porque a final de cuentas el exceso de ejercicio y los anabólicos crean una musculatura artificial que no cuenta con los nutrientes suficientes, es decir, en la realidad está desnutrido, “entonces el organismo empieza a responder tomando músculo de todas las partes del cuerpo, se va comiendo, por así decirlo, los músculos del corazón, del estómago o del intestino, que son lisos, no estriados como el de brazos y pierna”.

Por su parte, la  doctora Sánchez Martínez, refirió que el daño aumenta cuando los suplementos, por la gran carga de proteína que tienen, obligan a los riñones y al hígado a metabolizar más, al punto de que los debilitan y ya no pueden cumplir con su función de purificar al cuerpo.

El corazón se ve también dañado y puede llegar a no dar respuesta para cumplir con las funciones que tiene para todo el organismo.

El aparato sexual se ve también afectado, pues los testículos disminuyen de tamaño, se genera esperma en menor cantidad y pueden llegar a ser estériles.

Y también, subrayó, hay un daño al cerebro, pues la falta de grasas a fin de cuentas deriva en que se pierda energía y esto afecta la función cerebral, “los neurotransmisores  de la serotonina dejan de funcionar y esto puede derivar en depresión y trastornos mentales aun mayores en los pacientes”.

La especialista del IMSS especificó algunos de los síntomas de la vigorexia:

  • Preocupación por ser débil o poco musculoso.
  • Distorsión al observar su cuerpo, aun  teniendo un cuerpo grande y musculado, frente al espejo el paciente se ve delgado.
  • Pensamientos obsesivos sobre no  ser suficientemente grande, ser demasiado pequeño o cómo mejorar de aspecto.
  • Ansiedad,   depresión o baja autoestima   por sus sentimientos negativos hacia su  cuerpo.
  • Necesidad  compulsiva de realizar ejercicio  con  pesas para incrementar el tamaño corporal.
  • Afectación de la vida social, familiar y sentimental por el cuidado del cuerpo, el entrenamiento y/o la dieta.
  • Alto consumo de suplementos, esteroides, anabólicos y hormonas

Entre las consecuencias evidentes, están:

  • Ginecomastia: desarrollo de las mamas
  • Infertilidad
  • Atrofia testicular: reducción del tamaño de los testículos
  • Calvicie

Si bien la vigorexia se presenta más en los hombres, también llegan a registrarse algunos casos en mujeres, con las siguientes consecuencias:

  • Crecimiento del vello facial
  • Crecimiento del clítoris
  • Redistribución de la grasa corporal hacia formas más masculinas
  • Reducción del tamaño de las mamas
  • Pérdida del cabello
  • Cambios en la voz

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