Vivir con VIH en una sociedad como la mexicana

Persiste la discriminación hacia los pacientes infectados con VIH, aunque no es lo mismo enfrentar la enfermedad en el DF que en un pueblo de Yucatán.

30/11/2010 4:44
AA

El primer obstáculo que debe librar una persona que acaba de ser diagnósticada con VIH es la desesperanza, el agobio que le provoca el sentimiento de culpa, la vergüenza y el miedo, un temor que a veces paraliza y otras lleva a la evasión.

¿Cómo explicarlo a la pareja, a la familia a los amigos?, ¿cómo lograr conservar el trabajo?, ¿cómo luchar contra el desdén de la gente que te rodea?, ¿cómo dejar de sentirse culpable, con vergüenza?, ¿cómo desaparecer el temor?.

La vergüenza por el enfrentamiento social, la culpa por la posibilidad de haber dañado a la persona con la que se comparte la vida íntima y el miedo porque simplemente se desconoce que el VIH es una infección crónica pero no mortal, que existen tratamientos que pueden dar calidad de vida por mayor tiempo.

Vivir con VIH en una sociedad como la mexicana no es tarea sencilla, Anuar Luna, integrante de la Red Mexicana de Personas con VIH lo sabe y dice sin cortapisas, la manera de vivir con VIH es “queriendo vivir, hay una actitud que es importante y es que las personas no se quieran morir, porque cuando se resuelve la vergüenza, la culpa y el miedo, ya todo se resuelve más fácil, se tiene la capacidad de actuar, de tomar decisiones, se llega a la fase de empoderamiento”.

Es entonces que la persona se aferra y trata simplemente de vivir, con dignidad, con amor, con respeto y con voluntad.

La negación

Anuar Luna señala que cuando se habla de VIH o sida, se habla de dos tipos de muerte, la primera es la muerte en vida que se impone la misma persona porque “antes de que la sociedad reaccione, el enfermo reacciona de forma negativa, pierde oportunidades de relacionarse, de tener trabajo, de estudiar, pierde sus oportunidades sociales porque vive en una situación de negación, se paraliza y no se atiende”.

Cuando esa persona llega a una etapa avanzada de la enfermedad llega la muerte física, la muerte del cuerpo.

Dar esperanza

El VIH es una enfermedad crónica pero no mortal y que entiendan esto en primer lugar los pacientes que adquieren la infección es una labor que muchas veces los médicos nos están preparados para hacer, es ahí donde entra en acción el trabajo de organizaciones no gubernamentales como la Red Mexicana de Personas con VIH, que orientan y apoyan.

La función que se han impuesto estos grupos es quitar el miedo, dar esperanza, hacer saber a los pacientes con VIH que se puede ser una persona sana y productiva.

Persiste la discriminación

Dentro de una sociedad señala Luna, se discrimina por la clase social, el color de la piel, por el género, desaparecer el estigma y el desdén a las personas que se infectan de VIH es una de las metas de los grupos de apoyo.

Anuar pone un claro ejemplo: “la gente no reacciona de manera negativa cuando sabe que alguien tiene diabetes o cáncer, pero las personas con VIH inmediatamente son juzgadas, son vinculadas con conductas inmorales y prevalecen prejuicios como esa enfermedad sólo da a los homosexuales, a las prostitutas  o a los drogadictos, sectores de la sociedad que viven con un estigma previo”.

Sea laboral, social, económica o familiar, cualquier tipo de discriminación va a doler al enfermo con VIH porque “más allá del enfoque de la autoestima, lo que pierde una persona cuando se le discrimina es el sentido de la dignidad, la persona se devalua socialmente, pierde dignidad
lo que más duele es eso, pierde derechos, ciudadanía”.

Anuar Luna también destaca una situación, “no es lo mismo enfrentar el VIH viviendo en el Distrito Federal, donde ya no hay tanto juicio moral; que en la selva lacandona o en un pueblo de la sierra de Chihuahua o en una pequeña comunidad de Chiapas o Yucatán, donde las costumbres y el peso social son más fuertes”.

Es por eso que falta impulsar políticas que promuevan igualdad, el combate a la homofobia, programas de equidad de género.

Ayuda y orientación

La Red Mexicana de personas con VIH a la que pertenece Anuar Luna, ofrece información, orientación, consulta psicológica, grupos de autoayuda para hombres gay, mujeres, jóvenes, además de una clínica en la que el paciente con VIH no se sentirá ni juzgado ni regañado.

“Lo primero que hacen los médicos cuando atienden a una persona que tiene una enfermedad de transmisión sexual es juzgarla, regañarla y les preguntan que porqué tuvieron sexo sin protección, por ejemplo. Eso lleva a muchas personas a no manifestar su enfermedad por el temor a este rechazo”.

De esas experiencias previas surgió la idea de abrir la clínica, donde el paciente puede acercarse con la seguridad de que nadie los va a juzgar ni regañar.

Las personas interesadas en recibir apoyo pueden llamar al 52 73 73 08 de lunes a viernes de 10 a 18 hrs.

 


Tags

Agregue su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada

Iniciar Sesión

Si todavía no tienes cuenta con nosotros:

Recupera tu cuenta

Sexo

Elige los temas que te interesan: