¿Y tú, sabes guardar un secreto?

No hacer gala de discreción ante una confesión personal es resultado de un problema de control de impulsos, por daño en el lóbulo frontal.

28/07/2011 10:22
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Basta con que alguien ha confiado en una persona y le pida que aquello que reveló no se lo cuente a nadie, para que el interlocutor sienta el deseo repentino de contárselo a alguien más. En ocasiones la información revelada puede ser algo inofensivos, pero en otras puede ser el detonante de una situación, si no trágica, al menos comprometedora.

 “El comportamiento que observa una persona que es incapaz de guardar un secreto es similar al del cleptómano que roba no por necesidad sino porque no puede controlar sus impulsos”, dijo a SUMEDICO el doctor Francisco Shimasaki*.
 
Es importante saber qué es lo que determina este comportamiento, si se trata de un problema neuronal o simplemente de actitud.
 
“Hay muchas respuestas para este tipo de situaciones –dice el doctor Shimasaki–, primeramente se piensa en una falla del control de los impulsos, los cuales están alojados en el lóbulo frontal del cerebro, el cual se relaciona con el comportamiento social, el buen juicio”.
 
La manera como nos comportamos pasa por ese filtro que es el lóbulo frontal, y evita que uno actúe en forma impulsiva. Cuando existe un daño en esa parte del cerebro, la gente no puede controlar impulsos tan sencillos como portarse bien, no reírse, o bien guardar un secreto. “Esa puede ser una de las principales causas para que la gente no sepa hacer algo tan sencillo como respetar su palabra de discreción”, manifiesta el especialista.
 
El lóbulo frontal puede dañarse por problemas hereditarios, que ya se tenga una malformación de nacimiento, o bien por enfermedades como hipoxia, o a causa de caídas, golpes, mala nutrición, algún virus o infecciones, o bien consumo de drogas.
 
Tratamiento personalizado
 
Como bien dice el especialista, antes de dar un tratamiento es importante hacer un análisis de cada caso, porque “dicha actitud no siempre se debe a un daño a nivel del lóbulo frontal, por ello se hace una valoración a base de tomografías, electroencefalogramas, resonancias magnéticas, y si se diagnostica un daño a nivel del lóbulo frontal se utiliza un medicamento, si no es así, se trabaja a base de terapia cognitivo conductual, que consiste en trabajar con el paciente acerca de sus conflictos, se les deja actividades y tareas relacionadas a mejorar su comportamiento. Lo importante es que al paciente se le hace consciente del problema, se le enfrenta a la situación y se le dejan tareas de acuerdo a su padecimiento”.
 
No obstante el problema en el lóbulo frontal, también hay otras explicaciones relativamente simples como sentir envidia y un deseo de destruir a esa persona que pidió guardar el secreto, o bien a alguno de los involucrados.
 
“Esta comportamiento puede ser involuntario. Es como el cleptómano, que tiene dinero para poder comprar lo que quiera pero no puede resistirse a robar cualquier cosa. No hay control de los impulsos”, finalizó el especialista.
 
(*) Dr. Francisco Shimasaki / Psiquiatra
Hospital Psiquiátrico “Fray Bernardino Álvarez”
 

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