Zapatos de piso también causan daño

Los extremos en los zapatos no son buenos, nuestros pies no están hechos para un tacón de aguja de 10 centímetros ni para una zapato completamente plano

28/03/2016 6:01
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El uso constante de los zapatos de piso produce molestias en los pies.

Los extremos en los zapatos no son buenos, nuestros pies no están hechos para un tacón de aguja de 10 centímetros que perjudica la posición del pie al caminar ni para una zapato completamente plano que no aporta ningún soporte al pie. A pesar de que este calzado puede ser más cómodo también es riesgoso para nuestra biomecánica si su uso es continuado o exclusivo.
El presidente del Colegio de Podólogos de Cataluña, Josep Ogalla explica que la bailarina, la forma en la que suele denominarse a un calzado de suela completamente plana y de material ligero, resulta más cómoda que el tacón elevado porque se acerca más a la posición anatómica del pie pero ir en plano supone un esfuerzo añadido para la fascia plantar al despegar el pie del suelo. “Con el tacón el peso del cuerpo sobrecarga la parte anterior del pie y produce metatalgias, las lesiones más comunes son las fascitis plantares y las talalgias, dolor en el talón y dificultad para caminar o estar de pie”. comenta Ogalla, profesor de la Universidad de Barcelona.

El uso continuo de los zapatos de piso ocasionan dolor en el hueso del talón, el calcáneo, dando lugar a la fascitis típica. “Sucede igual con las chanclas de playa en verano, son para un momento y no para utilizarlas tres meses”, continúa Ogalla.

1. Cambiar el zapato como un complemento de moda y elegirlo según su función, cuándo y en qué circunstancias lo vamos a utilizar. Cada tipo de zapato tiene sus ventajas e inconvenientes.

2. Los zapatos de piso son apropiados si el suelo es liso y no hay que caminar demasiado. Por sentido común no debe emplearse en superficies desiguales y pedregosas porque el pie es seguro que va a sufrir.

3. No lo pueden utilizar aquellas personas cuyos pies no tienen un arco.

4. Los zapatos de piso no sujetan el pie ni los ligamentos internos que lo mantienen en una posición neutra y hace que se desvíe más. Si se padece obesidad, una rotación de cadera o desviación pélvica y no se emplean mecanismos de compensación como cámaras de aire para amortiguar el pie en el suelo el cuerpo sufrirá.

EL ZAPATO IDEAL

Según el podólogo, un zapato para todos los días podría ser el de 24 horas, con la puntera redondeada, un pequeño tacón que ayuda a despegar el pie al caminar, material transpirable y suelas que amortiguan el impacto con el suelo.
“Lo ideal es que los zapatos lleven un poco de tacón, entre dos y tres centímetros”, comenta Ogalla. A nivel anatómico el pie presenta un ángulo con el tobillo de 90 grados pero para levantar el pie del suelo la musculatura debe realizar un esfuerzo, “con el tacón no hay un plano horizontal sino que éste está inclinado y facilita y resta tensión y esfuerzo a la musculatura del pie para caminar. El tacón permite un movimiento más rápido, más cómodo y más fácil con menos esfuerzo para el organismo.

El profesor comenta cómo recuerda a sus alumnos que en un pie normal sin patología, si el calzado es correcto y se camina bien un pequeño grano de arroz dentro del zapato produce una gran incomodidad, que no se detiene hasta que la persona no para y lo quita. “En un pie plano, cavo, con laxitud muscular y contracturas una molestia de este tipo hace que la patología se incremente”, concluye.

(Con información de Infosalud).

 

 


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